José Gil Cortón

José Gil Cortón (Riotorto, Lugo 1944) Seminarista 1957-1963

El Seminario, escuela de cultura y principios

He nacido y crecido niño del rural. Siempre tuve afición a los estudios; afición que mi padre apreció enseguida, y un buen día se le ocurrió mandarme al Seminario, que era el Centro más asequible por aquel entonces para la gente económicamente modesta. Además,  en aquella época se valoraba muy positivamente la carrera eclesiástica, de mucho prestigio en el medio rural de la posguerra.

Después de observar mi afán por los estudios y comprobar mis aptitudes, que no pasaban de modestas pero de cierto predicamento en el entorno, me propuso estudiar en el Seminario de Mondoñedo, pero con la intención de que fuera cura. No dudé en aceptar, pensando más que nada en los estudios y en los deportes como cualquier niño de mi edad, aunque he de reconocer que mis convicciones religiosas también ayudaron.

Tenía doce años cuando me presentaron a examen de ingreso en el Seminario de Lourenzá, y el rector,  D. José Mª Puente,  me aconsejó esperar un año debido a mi falta de preparación en gramática castellana, asignatura clave para estudiar la lengua latina, pero que era secundaria en la escuela mixta a la que yo asistía, y formaba parte de una enciclopedia que era el único libro de texto que teníamos. Entre lo aburrida que resultaba la dicha enciclopedia y el poco interés de casi todas las maestras que tuve, en gramática castellana estaba muy flojo.

Sin embargo,  fue una maestra, Dña. María Santamaría, quien me preparó, y muy bien, bajo la tutela del cura de Riotorto, D. Antonio Prieto Quintana. Ellos consiguieron que al año siguiente, cuando ya tenía trece años, aprobara ingreso y primer curso de Latín y Humanidades en el mencionado Seminario de Lourenzá.

Terminado el segundo curso, me propuse sacar el tercero en vacaciones de verano, lo que hice de manera autodidacta. Pocos días antes de los exámenes de septiembre en el Seminario de Mondoñedo, me cogí una bicicleta y me presenté allí sin tan siquiera saber si me iban a recibir. Tuve la suerte de encontrarme con D. José Prieto Verdes. Recuerdo que me hizo unas cuantas preguntas y sin más me aconsejó que me presentara, como luego hice, aprobando con nota.

Ingresé en dicho Seminario de Mondoñedo en cuarto curso, y al finalizar quise repetir la experiencia con el quinto (tengo que reconocer que siempre he sido un tanto temerario) pero D. Francisco Fanego me dijo que sin pasar por su clase no aprobaba a nadie.

En tercero de Filosofía el profesor y prefecto de disciplina, D. Digno Pacio Lindín,  me pidió que me hiciera cargo de la enfermería. He de confesar algunas travesuras como cuando por las noches nos juntábamos en mi habitación el difunto Pedro Castro Río, Modesto López, José Luís Caruncho y yo. Preparábamos café express utilizando el hornillo de la enfermería y la pequeña tartera de hervir las agujas, acompañando el café con cigarrillos “peninsulares”.

También D. Digno me propuso estudiar en Salamanca, pero D. José Mª Díaz Fernández, padre espiritual del Seminario Mayor, me hizo saber que, según su opinión,  yo no tenía vocación de cura. Decidí entonces dejar el Seminario, lo que causó bastante sorpresa entre mis compañeros de curso. Peor era decírselo a mi padre, pero tampoco fue muy difícil al comunicarle al mismo tiempo mis planes de futuro.

Tengo que reconocer la cultura sólida que se adquiere en el Seminario, y los principios que impregnan nuestra vida y nuestro comportamiento, y de los que hoy la sociedad está tan vacua. En cuanto a preparación académica quizás en lo que más fallábamos era en matemáticas y ciencias en general, lo que es normal,  pues cada carrera se orienta a sus necesidades. A pesar de ello,  he estudiado Ciencias Económicas, que no terminé por circunstancias (que no refiero en aras a la brevedad de este rapport), de lo que no me arrepiento,  pues mi vocación siempre fue el Derecho, y en eso estoy y de eso vivo, y no me puedo quejar,  aunque tuve que compaginar estudios y trabajo para salir adelante. Pero ahí empieza otra fase de mi vida que es ajena a mi paso por el Seminario, aunque bastante condicionada, pienso que para bien, por la educación que allí he recibido. Gracias a todos.

Quiero dedicar un recuerdo a los compañeros fallecidos, que no relaciono por si me olvido de alguno, que lamentablemente ya son muchos. Que en paz descansen todos.

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