Gumersindo Fernández Sabín

Nací en Os Feás,  un lugar del ayuntamiento de San Sadurniño (A Coruña), en  1940, siendo el mediano de  cinco hermanos varones, en una familia de labradores,  caseros de la Marquesa de San Sadurniño. Tras los primeros pasos académicos en la escuela primaria de la parroquia,  con el  magnífico maestro don Ignacio Moreno, me trasladé al Seminario de Vilanova de Lourenza´ a los  12 años de edad, en  1952, para cursar primero y  segundo de Latín. Dos años más tarde ingresé en el Seminario de Mondoñedo, para continuar con estudios de Latín, Humanidades y Filosofía, donde a lo largo de cinco años forjé amistades  para toda la vida y  adquirí una formación humanística amplia.

Con la  intención de hacerme con unos ahorros con los que continuar estudiando, me embarqué como marinero en la Marina Mercante, concretamente en el San Gaetano. Tras una travesía a Inglaterra y África, fuimos a  Génova para preparar el barco para  ir a recoger un cargamento de trigo a Argentina,  y  estando allí desarrollé  un extenso sarpullido que me obligó a desembarcar. Y ahí finalizó  mi aventura naval.

Una vez en tierra, me mudé a Santiago donde cursé estudios de  Magisterio en la  Universidad de Compostela, compaginándolos con el  trabajo de vigilancia de los alumnos internos del  colegio Manuel Peleteiro. Posteriormente, me surgió la posibilidad de iniciar la licenciatura de Filosofía en la Universidad Pontificia de Comillas en Madrid, que  finalmente rematé en la  Universidad de Valencia.

De vuelta a Santiago, comencé mi andadura en la enseñanza en 1970, de nuevo en el colegio Manuel Peleteiro, donde tuve algunos alumnos que con el  paso del tiempo se convertirían en destacadas personalidades de la política y del deporte. Ocho años más tarde tuve la oportunidad de acercarme a mis orígenes, para continuar mi labor docente en el colegio Santiago Apostol de Narón (A Coruña),  impartiendo Latín, Griego, Filosofía y Gallego. Allí concluí mi  vida laboral, en el año  2005.

Alternándolas con la labor docente me dediqué a alguna otra  actividad como ocuparme durante unos años del  control de calidad de las explotaciones  ganaderas productoras de leche de la comarca de Ferrolterra, además de disfrutar muchos días de una de mis aficiones favoritas: la caza.

Una vez jubilado, empleé gran parte de mi tiempo en otras de mis pasiones: la carpintería,  y la  plantación de árboles nobles como castaños y frutales.

Tras superar unos achaques cardíacos, me dedico ahora a tareas  ligeras, confiando en que los árboles que planté queden para la posteridad y estimulen a otros a mantener nuestras especies autóctonas.