De aquellos años 80 que marcaron el inicio de nuestros encuentros quedan vivos la misma voluntad de romería que inspiró nuestro primer viaje estival a Mondoñedo y, a Dios gracias, un icono fundacional: José Ramón Montenegro Espina, codecano con Vicente Fresco Cobelo de la llamada “Xuntanza de los del 54” ( y alrededores).
El espíritu de Espina y Fresco nos convocó el pasado seis de agosto, rompiendo la tradición del segundo viernes de este mes. Tal volvamos a esta fecha en el 2027.
El programa del día 6 se inició en la catedral; mejor dicho, en su claustro, a donde acudimos para recordar a nuestros profesores. Hubo flores sobre las tumbas de don Eugenio García Amor y don Enrique Cal Pardo. y una inspirado pasaje del Libro de las Horas seleccionado por nuestro Capellán Mayor, Ramón Otero Couso.


Luego, la misa en memoria de los compañeros y profesores que ya no están entre nosotros. Una emoción profunda nos recorrió el alma cuando don Ramón citó el nombre de Antoñito Grandal Gómez, el sociólogo y horticultor de Esteiro de Cedeira, que se fue hace pocos meses.


Por fin el almuerzo en el reservado de la plata baja del Mayor. Un buen menú al galaico modo y una desbordante convivencia, la que Otero Couso nos reclama como signo de fraternidad. La verdad es que nos sabemos hermanos en los valores cimentados en esos viejos claustros.

A los postres se incorporó el obispo, don Fernando. Venía de San Xusto de Cabarcos, él al volante de su utilitario, modesto como la barca de Pedro. Don Fernando quedará en la historia diocesana como “El prelado andariego”, a lo Teresa de Ávila. Se propone conocer y dar aliento a las cuatrocientas y pico parroquias de su jurisdicción e insuflar la ardorosa palabra de Nazaret a sus añosos sacerdotes. Ya lo hemos incorporado a la plantilla oficial de nuestras xuntanzas. Le esperamos año que viene. Pero no a los postres: que bendiga la mesa.









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