Uno de los nuestros: el Cura Relojero de Ladrido, un genio del siglo XVIII

Era uno de los nuestros. Se llamaba Francisco Javier Méndez Neira de Saavedra. Nació en 1774 en Santa María de Ramil (Castro de Rei)  estudió en el Seminario de Mondoñedo. Fue un inventor genial con proyección europea como constructor de relojes artísticos avanzados.

Sus padres, José Méndez   Manuela Díaz de Neira,  lo enviaron a estudiar latines y  escolástica a Mondoñedo. Ya por entonces se hacía notar en él una precoz habilidad para tareas de manipulación, un verdadero manitas sorprendentemente meticuloso. Joven todavía, frecuentó talles artesanos de cerrajería artística. Entró como aprendiz,  luego artesano,  en obradoiros lucenses. Se afición creció en el Seminario, favorecido por el artesanal entorno urbano. Mondoñedo era por entonces capital de la provincia de su nombre (1550-1833), una de las siete que componían Galicia en la Edad  Moderna. La ciudad era, junto a Santiago,  centro de referencia  regional en la industria de la  relojería. Se da por seguro que el joven Francisco Javier practicó con el por entonces ya  famoso José Díaz  Rosón y, tal vez, con el reputado colega de éste,  Pedro Díaz Balboa.

Javier Vélez 1809

Carlos III, “padre”  del nuevo Seminario

El Seminario mindoniense, por lo demás, no se ofrecía  muy atractivo para los alumnos, cobijados en dos casas situadas entre las céntricas calles de Alfonso VII (antigua rúa do Colexio) y Padilla, Dos siglos llevaba el Seminario desacomodado en esas austeras instalaciones. Pronto llegará  la que los historiadores denominan “etapa de esplendor”, bajo el patrocinio del rey Carlos III.  Entre 1770  1775 se edificó el nuevo seminario en el emplazamiento que ocupa actualmente,  Estaba dotado de amplias aulas, servicios modernos y  capacidad ampliada. Al poco tiempo contaba con 200 alumnos, El Rey benefactor le otorgó el título de Real Seminario de Santa Catalina.

Ladrido, faro de la  relojería

En 1772 don Francisco Javier fue ordenado sacerdote, Cumplió algunos servicios sacerdotales en la diócesis antes de llegar como párroco  a  Santa Eulalia de Ladrido (Ortigueira) en 1780,  según F, Maciñeira, Venía bien documentado. Sus biógrafos aseguran  que “se adaptó bien a la parroquia. En los primeros tiempos, reparaba

objetos domésticos de los vecinos, pero no tardó en montar un pequeño taller al que fue dotando de pequeños  hornos de fundición más o menos “clandestinos”.  Era el primer paso para elevar la infraestructura de la  inminente fábrica de relojería.  Con los años se convirtió en un virtuoso del oficio, Su fama se extendió a toda la diócesis, lo que le valió, en  1799,  poder  llevar al obispo en visita pastoral a su insospechada  parroquia  del norte.

Maquinaria del relo de Rouco Alvelo

El eje Xubia-Ladrido

Al año siguiente reconstruyó la iglesia y la casa rectoral, todo a su cargo ante la  modesta económica de los feligreses. Por entonces acometió un nuevo reto: introdujo en Ladrido las técnicas de la fábrica de cableado de cobre de Xubia, Neda, distante  50 kilómetros de su casa. Allí  se preparaban láminas para cubrir las maderas de los barcos, Xubia, en el fondo de la ría ferrolana,  se convertiría en su principal proveedor de materiales para su obradoiro.

El Cura Relojero falleció en su parroquia en 1803, a los 57 años, legando una copiosa obra artística y  tecnológica  Dejó escrita  (en 1772) una “Memoria  para fomentar el arte de la relojería”, dedicada al rey Fernando.

Reloj realizado en Vivero por Roco Alvelo en 1806

Difusión de su obra

Se había especializado en relojes de antesala  de pared, de artesanía de estilo inglés,   destacaba por sus lujosas esferas de bronce donde incorpora técnicas del barroco gallego, con molduras cinceladas  y sofisticados sistemas de calendario completo que marcaban el día, la semana   el mes.

El historiador  geógrafo ortigueirés Julio Dávila (1871-1971) reconoce en nuestro personaje la condición de “relojero, orfebre y ebanista”, que diseñó  y  construyó “una inmensa cantidad” de relojes públicos  de antesala  de pared, llegando a colocar piezas en catedrales como  las de Mondoñedo y Santiago, o en  monasterio como el de Sobrado dos Monxes  así como en un  sinfín de mansiones de los notables de le época. Una de esas piezas llegó a manos del monarca  Carlos IV (rey en  1788-1808).

Los gallegos podemos admirar uno de sus trabajos más notables en la Colección de Relojes del Palacio Municipal de A Coruña. Otras de sus piezas se custodian en el museo Provincial de Lugo.

 

La Escuela Relojera de Ladrido

Don Francisco Javier Méndez supo rodearse de un reducido pero aplicado grupo de alumnos  que prolongaron sus técnicas. Destacan su sobrino Javier Vélez que habría de heredar todo el equipo de relojería de Ladrido y se estableció en Mondoñedo. Ilustre fue también otro continuador,  José Nicolás Rouco Alvelo,  que  montó taller en Vivero poco antes del fallecimiento de su maestro.  La escuela del Cura Relojero de Ladrido se hizo notar también en Ortigueira hasta finales del siglo XX.-R. B.

 

Descarga la Colección Coruña

(Fuentes: Ángel Rosende, Federico Maciñeira, Julio Dávila, Luis Montañés, La Voz de Ortigueira, Wikipedia).

 

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