“Agranda la puerta, Padre” es el verso que abre un breve poema de Unamuno de los tiempos en que el escritor andaba a la caza y captura de Dios. Tal explosión de espiritualidad, en manos de nuestro músico-teólogo José Manuel García Cheda, es oro molido. José Manuel vio a puro golpe de corazón lo que el poema reclamaba. Se trataba -“nada más sencillo”, diríamos- de trocar las palabas en notas musicales y hacernos sentir cómo sonarían esos versos caudalosos en el alma de niño o de anciano de don Miguel de Unamuno.
García Cheda renuncia a explicar su aportación musical –tarea inútil en este caso, dice- en beneficio de una más profunda interpretación del texto. Se sirve para ilustrarnos de la lectura de su admirado Hans Urs Balthasar (Lucerna 1905-Basilea 1988), a quien Cheda sitúa en el podio de los teólogos católicos del siglo XX. Se recomienda la lectura de estos párrafos del propio José Manuel García Cheda:
“Sólo el ojo cándido puede ver juntamente en su unidad las aparentes contradicciones en Jesús; sólo los pequeños, pobres, incultos no son inducidos por el amontonamiento de sus tesoros de saber, a considerar por sí los rasgos particulares y a perder de vista la forma ante puros análisis. Pero este aspecto negativo de la incultura figura aquí como una cosa positiva, no como adquisición del cándido mismo sino como aquel defecto que maravilla la complacencia de Dios, que, justo así se revela como Padre que se revela en el hijo y en lo mismo que el hijo se revela en el padre: una sola palabra: ¡¡¡ABBÁ¡¡¡. Se revela el mutuo conocimiento y mutua existencia entre Padre e Hijo, en el que NADIE, sin revelación, puede penetrar, pero cuya irradiación misteriosa, libre, puro regalo, alcanza con plena eficacia a la mirada sencilla…
UNAMUNO siempre estuvo en ello…
MÚSICA: 1 y 2: oración petición (piano)
3 y 4: oración acción de gracias (violín)
— José Manuel, me pillas desprevenido—le comento. Lo que has escrito es muy profundo.
— La mayor profundidad está en la inocencia—me responde.
Ni una palabra más.-RB.
AGRANDA LA PUERTA, PADRE
Agranda la puerta, Padre
porque no puedo pasar;
la hiciste para los niños,
yo he crecido a mi pesar.
Si no me agrandas la puerta
achícame, por piedad;
vuélveme a la edad bendita
en que vivir es soñar.
Gracias, Padre, que ya siento
que se va mi pubertad;
vuelvo a los días rosados
en que era hijo no más.
Hijo de mis hijos ahora
y sin masculinidad
siento nacer en mi seno
maternal virginidad.
Miguel de Unamuno
Dejar una contestacion