Con fecha de 17 de diciembre de 1951, el obispo de Mondoñedo, don Mariano Vega Mestre, otorgó licencia para la publicación del “opúsculo” (así denominado en el Decreto) “Misa Dialogada”, preparado por el cura de Ortigueira don Jesús Márquez Cortiñas (1). A sus 49 años, don Jesús era ecónomo de Santa Marta y encargado de la parroquia vecina de Luhía. Nada más llegar a Ortigueira, en octubre de 1927, Cortiñas comenzó a desplegar una inusitada actividad como coadjutor cercano a la gente, lo que le proporcionó un liderazgo espontáneo entre la comunidad. Como ejemplo, ya antes de la Guerra Civil puso en marcha en la villa, previa autorización estatal y del obispado, la Academia “San Marta” de estudios secundarios.
Don Jesús era un organizador nato: la catequesis, las misiones, las romerías, sus procesiones siempre vistosas y disciplinadas procesiones; pero de manera destacada, fue el cura de la música parroquial al frente de un coro que adquirió calidad reconocida. Al repertorio de la coral incorporó pronto la misa “Hoc est corpus meum”, de Perosi; el Libera, me” de Vergés; el “Veni, Creador” y tantas otras obras menores que traía en su carpeta de cura recién ordenado. Los bellos villancicos estrenados en aquella época son todavía hoy repertorio central de la Navidad ortigueiresa.
Misa “conciliar” antes del Concilio
Hoy, como habíamos prometido, veníamos a hablar de la obra cumbre de don Jesús, que en términos profanos calificaríamos de “hazaña cultural”. Tratemos de valorar a día de hoy lo que significó elevar a la aprobación del obispado una propuesta litúrgica tan novedosa como el uso de la lengua castellana en la misa nada menos que 14 años antes de que comenzaran a oficiarse las primeras misas conciliares –“misa nueva”- en España, en 1965.
Recordemos que la misa católica en latín era la forma canónica que acompañó a la Iglesia desde el Concilio de Trento (1545-1563); esto es, a lo largo de 400 años. Don Jesús apreció la necesidad de introducir la lengua local en la liturgia ordinaria, en razón de lo que él entendía como un imperativo pastoral, Así lo señala él mismo en la presentación de la obra: “El católico que lo presencia (“El gran Drama del Calvario”, la Santa Misa) no debe contentarse con ser un mero espectador, sino que ha de procurar ser actor juntamente con el sacerdote celebrante”. En el mismo sentido se expresa el prelado Vega Mestre: “… está llamado (el opúsculo”) a producir saludables frutos entre los fieles mediante la participación activa de los mismos en el Santo Sacrificio de la Misa”.
El bien llamado “opúsculo” (de 15,5 cm. por 11 cm) se repartió en los primeros meses de 1952 en las catequesis de Ortigueira Luhía. No tardó el pueblo en aprender de memoria el texto de nueva misa, meritorio también por su cuidada traducción.
Para quienes lo conocimos de cerca, nada puede sorprendernos en este cura “hijo del trueno”, indesmayable.
La misa versión bilingüe
El libro de la Misa Dialogada del Rvdo. Márquez Cortiñas consta de 29 páginas. Se mantiene el texto en latín y la correspondiente traducción al castellano. En contraportada figuran, junto a la Virgen María, las imágenes de Santa Marta, patrona de Ortigueira, y de Santa Ana, patrona de Luhía.
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- San Simón da Costa, Vilalba, 1902-Ortigueira, 1972

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