Wences Vila Poupariña, ángel custodio de “Trapecio”

Me apresuro a pedir disculpas y rectificar – en nombre propio y rendido autoinculpado- por el error perpetrado en la noticia sobre la revista Trapecio publicada en este misma web hace unos días. Resulta que he atribuido a Pacurri y Ángel Felpeto -bien conocidos de todos y asiduos colaboradores de esta página- la condición de “bibliotecarios” de la inolvidable publicación estudiantil, cuando el verdadero y solitario ángel custodio de la colección fue –y sigue siendo- otro querido compañero, Wenceslao Vila Poupariña.

A mis manos llegaron hace ya meses 19 ejemplares de Trapecio, y tenía entre ceja y ceja que sus remitentes eran los señalados, cercanos amigos, por cierto. Ahora,  Ángel me tira de las orejas y me recuerda que los años no pasan en balde y las lagunas de memoria lo van invadiendo todo. Razón tienes, Ángel. A Wences lo que es de Wences.

Wences es mucho más que un afanado guardián de multitud de recuerdos mindonienses. Nacido en Bretoña en 1947, estudió en nuestro Seminario hasta completar segundo de Filosofía. Luego se hizo maestro, corrió la aventura africana como docente en Villacisneros (entonces, provincia del Sáhara Español), se asentó más tarde con su mujer y su hija en El Egido (Almería) y desarrolló una loable labor docente, justamente reconocida oficialmente.

Wences goza de sólida reputación intelectual en Andalucía por una obra impar: Así hago un cómic. Así aprendo a escribir, convertido en manual de enorme éxito editorial en España e Iberoamérica.

Ahora, Wences vive el sosiego de su jubilación fecunda en Almería, pródigo en recuerdos hacia el Seminario y dispuesto a disculpar, estoy seguro, los quebrantos de memoria de este achacoso escribidor.

Gracias por todo, Wences.

Ramón Barro.

 

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