Nobleza obliga

Por Francisco Martínez Sánchez, Pacurri 

 

Querido Ramón, me dirijo a ti como “cabeza de serie”, que eres, de nuestros enlaces mindonienses. Y en la octava de tu sensato cumpleaños…

Mira. Me sumo al reconocimiento que hace Manolo Rivas de los méritos socioculturales del profesor Pacio Lindín, a través de un artículo publicado en El Progreso por la periodista Vanesa Bran. Pero no dejo de reconocer que los elogios cuando traspasan los límites de nuestras empatías personales  y entran en los rotativos o en las redes   son  temerarios en cuanto que  pueden lubricar los egos de unos y otros, hasta el punto de no dejar ver las cosas como son, sino tal cual somos. Al menos eso he ido descubriendo a los largo de mi octogenaria vida, psicoanálisis incluido…

Mi admiración por Dino surge en aquel primer año de su docencia en el Seminario. Confieso que me fascinó en aquel pequeño tiempo que lo tuve como profesor de ética. Sus primeras gestiones como educador  auguraba ese  feliz “revulsivo” que supuso casi inmediatamente para el seminario. Un gigante, decía Manolo, y yo lo corroboro, sí;  pero que me permita borrar aquello de “en medio de enanos”. ¡No es justo, a cincuenta años vista!

Mi pronta marcha a Madrid y posteriormente a Lyon me distanció de él. Perdí su pista.  Estos días con motivo de la publicación del libro «Dino Pacio Lindín, o guía dunha vangarda cultural», cuyo coordinador  es nuestro compañero Rivas, activó mi sana curiosidad sobre su personalidad, que podría calificar, sin temor a equivocarme, como prodigio de solidaridad en los rincones estadounidenses  de la exclusión juvenil.

Mi aplauso a Dino hoy, sin embargo,  no deja de ovacionar “otros revulsivos” que a lo largo de mis años en el Menor y en el Mayor  supusieron profesores como Fernández y Fernández, Díaz Fernández, Edelmiro Bascuas, Uxío G. Amor, Fernando Porta, Darío Balea, Justo Trashorras, Manuel Roca, Enrique Cal Pardo, Antonio Bouza y un buen etc… Desde mis modestos conocimientos de psicología y pedagogía,  y disfrutando de una todavía buena salud mental, gracias a Dios, debo reconocer que el Seminario “tridentino”, ya en nuestra época, dio paso a una progresista “Casa de  Formación Integral”, digna del mejor  momento posconciliar. Yo conservo en mi “bitácora” ya octogenaria anécdotas que certifican mi certera visión de aquellos tiempos. “Mutatis mutandis”, ciertamente… Y es más. nobleza  obliga recordar con inmenso gozo como discente a otros tantos profesores, más en la sombra, como Francisco Ron, César Chavarría, José  María Puente,  Jaime Cabot, José Cascudo,  y más, más…

Me gozo en el libro-homenaje a Dino, escrito por 16 exalumnos del que es coordinador Rivas. Porque no dudo de su valor intrahistórico, deseo hacerme con él y  leerlo con especial unción. Pacio Lindín fue, y es, un genio. Pero no es navegante en solitario. Nuestros profesores y educadores, ¡sin miopía ideológica!, han contribuido también a que cientos de timoneles, cada uno desde su propio timón inconfundible,  hayamos podido arribar a felices puertos. Eso canta la hermosa iniciativa del Homenaje al Seminario de Mondoñedo, del que tú, gran Ramón, eres la dignísima “cabeza de serie”.

 

2 comentarios

  1. Manolo Rivas non chama «enanos» ós profesores do Seminario. USA a expresión do poema de Celso Emilio para lamentar que se teñan que ir da nosa terra persoeiros como Dino para ser recoñecidos e valorados. Cónstame que Manolo valora positivamente os profesores do Seminario. Remito ó seu testemuño que podemos atopar nesta mesma Web.

  2. Manolo Rivas é moi cuidadoso cos compañeiros e institucions. Coñezoo ben e non necesita defensa. Foi o verdadeiro motor dese libro
    Sobre Dino.

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