Don Fernando Porta cumplió 90 años el 4 de enero

D. Fernando Porta

Con su sempiterna sonrisa, Don Fernando Porta de la Encima celebró el 4 de enero su 90 cumpleaños.

A los exalumnos de las últimas generaciones del Seminario cabría ilustrarles que don Fernando fue, durante diez años, y a partir de su ordenación en 1952, el padre espiritual de todos los seminaristas de entonces (más de 300), misión que me fue confiada por el obispo don Mariano Vega Mestre (1950-1957).

 Un guía moderno

Era nuestro entregado guía moral y se conducía ante nuestras vicisitudes adolescentes con la sencillez y naturalidad propias de un cura jovencísimo y avanzado en la cultura de su tiempo: tenía discos, hablaba inglés … y siempre castellano.  Prematuramente escaso de pelo (inauguró el “estilo de peinado Anasagasti”), de cuerpo juncal y más amigo de la lectura que del deporte, tenía un aire urbanita que se hacía notar. Era ferrolano y de familia burguesa, no hacía falta decirlo. Para nosotros, era el “hombre bueno” oficial, porque no ponía notas ni encabezaba reprimendas. Nos iba conociendo y, con los datos en la mano, nos ayudaba a elegir el rumbo en la vida, dentro o fuera de aquella casa.

La saga de 1952

Don Fernando cursó Humanidades y Filosofía en el Seminario de Santa Catalina, de Mondoñedo, de donde pasó a la Pontificia de Salamanca para licenciarse en Sagrada Teología. Pertenecía al curso que se ordenó durante el Congreso Eucarístico de Barcelona de 1952 y que aportó a la diócesis una fecunda cosecha de sacerdotes, algunos bien conocidos por los seminaristas, como García Amor, Díaz Fernández, Fernández y Fernández, López Paradela, Prieto Verdes, Teijeiro Piñón (Manuel) y el propio Porta de la Encina.

Con poco más de 30 años fue promovido a canónigo con las atribuciones de Maestro de Ceremonias. En 1968 rigió por unos meses la iglesia concatedral de San Julián de Ferrol, en la que mostró su talla (una dura prueba) como sacerdote conciliar. Durante 38 años fue párroco miembro del Conejo Sacerdotal de San Pedro Apóstol, en la zona del Ensanche ferrolano.

Hoy, homenaje de sus compañeros

Desde su actual residencia en Sada (A Coruña) don Fernando acude, con su indesmayable disponibilidad, a cuentas reuniones sacerdotes es convocado. Su palabra posee la virtud primigenia del pastor: desde la abundancia de su corazón, habla al corazón de los hombres.

El pasado día 4, en la que fuera su parroquia ferrolana de tantos años, San Pedro, don Fernando estuvo acompañado de gran número de compañeros sacerdotes en una misa de acción de gracias, seguida de un almuerzo de confraternidad.

Aquellos seminaristas de los años 50/60 le recordamos con admiración y respeto. Y, si nos lo permite, también como un buen amigo.

Dios nos lo guarde muchos años.-R. B.

 

Tres representantes de la ilustre saga de 1952: Fernando Porta (izquierda) , Eugenio García Amor y José María Fernández Díaz, el pasado mes de octubre en el Seminario

 

Fernando

Por Rosendo Yáñez Pena

Es un placer para mí hablar de mi un día Padre Espiritual y ahora hermano sacerdote y amigo.

Me atrevo a decir que es la cabeza mejor amueblada de la diócesis. Un hombre con una vida muy organizada: su oración, su trabajo, su descanso. Cuando teníamos alguna cena o reunión nocturna llegaba un momento en que sus ojos inexorablemente comenzaban a cerrarse pidiendo cama.

Su capacidad de atención es extraordinaria. Recuerdo verlo a veces escribiendo a máquina, leyendo y llevando una conversación: todo al mismo tiempo.

Es una persona enciclopédica, con vastos conocimientos tanto en la cultura religiosa como en la profana: no hay más que mirar su biblioteca-discoteca; muchos de sus libros los donó a la Biblioteca del Seminario.

Ha servido generosamente a la Iglesia en los cargos que desempeñó. Y sigue haciéndolo ahora en Sada y toda la zona de A Coruña: supliendo al párroco, dando charlas y retiros, etc.

Ha sabido desaparecer sabia y silenciosamente, cuando creía que estorbaba. Tenía su refugio en la casa de sus tías en Osedo (Sada): para allí se marchó cuando el “problema” de Corpus del 68, siendo el párroco más breve de S. Julián. Tuvo su calvario entonces: denostado, calumniado, y hasta fichado por la policía.

Después de aquél exilio regresó fortalecido y ejerció su sacerdocio con gran cercanía en la nueva Parroquia de S. Pedro Apóstol, haciendo equipo con Manolo Mejuto (e.p.d.) y Ramón Otero.

Yo le debo, además de su dirección espiritual, el haberme atraído al estudio de la lengua inglesa, que abrió para mí un mundo nuevo. Tampoco será fácil de olvidar para mí y un grupo de sacerdotes y seglares aquel viaje a Tierra Santa, poniéndonos en manos de un guía excelente: el P. Antonio Salas O.S.A.

No falta nunca a las Asambleas, Reuniones y Fiestas importantes en Mondoñedo o Ferrol, usando normalmente el autobús desde Coruña. Nunca tuvo coche. Quiso sacar el permiso de conducir, pero se ponía muy nervioso en las prácticas y lo dejó.

Que Dios nos lo conserve así, sano y lúcido, durante mucho tiempo.

¡Felicidades, Fernandiño!

 

Porta de la Encina:

Un hombre para la historia

 Por Fco. Martínez Sánchez (Pacurri)

 

Benquerido, Fernando:

A miña alma aínda hoxe ule á “porta” sempre aberta que fuches para xeracións de xóvenes que pasamos polo Seminario a teu carón. E á “aciñeira” lustrosa e perenne. Eras a vela e o temón do noso débil navegar cara á Vida. Xa, dende moi novo, sentín gran veneración pola túa persoa, coherente sempre nas túas raíces sacerdotais…

“Un activo misionado no noso camiñar”

Fuches, certamente, un activo misionado no noso camiñar ético grazas á túa formación profundamente teolóxica e ao teu corazón a proba de piedade fondamente nazarena e mariana. Si a túa habitación, naquela esquina do Seminario, falase, ¡cánto certo revelaría da túa entrega incondicional ao cincel espiritual con que nos ías modelando!

Na túa vida nunca coubo concesións á frivolidade nin á improvisación. ¿Cómo non lembrar aquelas meditacións e pláticas preñadas de evanxeo, que tanto marcaron a nosa ruta adolescente, ou a mesma emoción con que nos lías a vida de Charles de Foucauld ou Francisco de Asís, como exercicio de lectura espiritual ?

A morte de Vega Mestre

O teu carácter humán e o teu sentido do humor callaba na miña empatía adolescente. Moitas anécdotas reteño que abondan na verdade do que digo. Por exemplo. Cursaba eu terceiro de latín cando na capela maior reuníchesnos para falarnos do noso bispo don Mariano Veiga Mestre que acababa de morrer. Vímoste chorar como un neno. A túa inmensa sensibilidade xa entón fixo madeixa no meu corazón

Permítene algunas anécdotas mais… Ramón Marful era o sancristán maior e eu o seu axudante. Tras cada celebración eucarística adoitaba el observar escrupulosamente, como con lupa, os corporais por si quedara partículas das sacras formas. Certo día, pediume que, mentres el permanecería de xeonllos, che chamase para que “purificaras” os corporais. Viñeches. Era tan só un fío solto en almidón. Faltouche tempo para poñerlle as túas mans graciosamente sobre a súa cabeza, dicíndolle: “En diante serás ti quen purifiques todos os corporais”.

Era un día de frío. Saías dos retretes, situados xunto á capela de filosofía, frotándoche as mans. Pregunteiche se tiñas frío. A túa resposta foi: “Que vai, estou a felicitarme polo éxito”.

Moitas veces chamábasnos á túa habitación para facernos gozar dun trociño de música clásica, que sempre ía acompañada dun caramelo ou chicle.

Años 1960-62. Un grupo intergeneracional. Abajo: Manuel Roca (epd), a izquierda; Enrique Blanco Pico (epd) y Eugenio García Amor. Detrás: Fernando Porta, el canónigo y profesor D. José Lombardero y Rosendo Yáñez

Inquedanza cultural

Ti eras tamén para nos un espello de inquedanzas culturais. Non había máis que mirar ós teus libros e discos… E ás túas escapadas a Inglaterra para especializarche en inglés que chegaches a dominar á perfección.

Non quero esquecer outro apuntamento importante da túa vida exemplar. En pastoral parroquial e litúrxica pisaches ben forte tanto en san Pedro como en san Xulián de Ferrol. O teu testemuño ministerial levouche a enfrontarte ao propio bispo, don Jacinto, cando o triste episodio da procesión do Corpus de 1968.

Termino. Fai catro anos recibíchesme na túa casa de Sada, tras vintetantos anos sin vernos. E non cambiaches en nada, para ben noso, só en ser máis “presbítero”. ¡Que gozoso abrazo démonos!… E desde entón enfundácheste en WhatsApp para seguir dándome evanxeo puro “on line”.

“Un home que fixo historia na nosa vida”

Non quero que esta carta aberta convértase nunha distante homenaxe. Ao estilo de Azorín, cando un día chegou a Granada e quixeron homenaxearlle. Él resistiuse, replicando “que unha homenaxe en vida é pura mentira. E non pensaba morrer de momento”… Hoxe, ós teus noventa anos, estás por encima diso. Non é unha homenaxe, senón o agarimo que che gardamos dende tantos anos, como un home que fixo historia na nosa vida.

 

Misa con celebrada en San Pedro, de Ferrol, con motivo del 90 cumpleaños de D. Fernando porta de la Encina.

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