Carta a Santos San Cristóbal que está en el cielo

Querido Santos, hace unos días supe de tu fallecimiento, el pasado 9 de julio. Desde mi propia finitud,  lejos de nuestra tierra mindoniense, brindo por tu paz en ese nuevo estado infinito que alimenta también mi esperanza.

Humano y culto con sabor renacentista y tu personalidad profundamente cristiana y sacerdotal, dejas un inmenso vacío en tu despedida. Me viene a la memoria la escultura en bronce de Jean Louis Corby, “El vacío del alma”, que tú conocías… Tu buen corazón ha dejado de latir, pero sus ecos siguen latiendo en tantos corazones que te hemos conocido y amado.

Como decía el Dalai Lama, “la única religión verdadera consiste en tener un buen corazón”. Y yo doy fe de tu buen corazón, siempre palpitando desde tu tierra segoviana a tierras de Parga y Trasparga. Desde tus pasos por Comillas en loor de buen estudiante de Derecho Canónico hasta tu larga entrega pastoral a los emigrantes españoles en Francia.

Valores humanos como la sencillez y la generosidad, talento y tesón han sido la medida de tu humanismo. Bien podía decir de ti nuestro Ángel Ganivet que  “hasta el aire te saludaba”  por donde quiera que pisabas…

Fuiste hombre adornado providencialmente de un exquisito don artístico como pintor e ilustrador, como escritor e historiador. Diría  que has sido fiel orfebre manejando a la perfección el buril de tu profunda personalidad. Laureado por el infinito amor de Dios has llegado a una ancianidad nonagenaria llena de vida y ejemplaridad… ¡Icono humano de preciado valor!.

Gracias, Santos, por tu Museo mindoniense, la “niña de tus ojos”, donde has plasmado las huellas de tu buen hacer. Gracias por tus libros. Por todos, pero sobre todo por esos dos que me han hablado tanto a mi corazón de ferrolano y mindoniense: “El Santuario de nuestra Señora de Chamorro” y  “La catedral y el museo de Mondoñedo” y -¿cómo no?- también ese otro viejo libro que hablaba de “Españoles en Francia, hoy”, que marcó un hito en mis deseos de seguir tus rastros como capellán de la Misión Española en Francia.

Apasionado en tanta andadura tuya polifacética, habrás hecho un no menos apasionado viaje a la Casa del Padre. ¡Tu última andadura! Desde allí no te olvides de rogar por todos tus hermanos mindonienses desperdigados por el ancho mundo…

Gracias, hermano Santos San Cristóbal, no te olvidaremos.

 

Pacurri Martínez

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