NULA DIES SINE LINEA

Javier Blanco Pardeiro (1)

 

Pues sí, soy yo, Francisco Javier Blanco Pardeiro, que acepta la invitación que me hicisteis hace unos días para que narrara en qué entretenía mi tiempo libre de jubilación.

Quiero mostrar en estas primeras líneas mi agradecimiento a quien ha osado invitarme. Y os diré el por qué: vuestros comunicados no me son indiferentes; me gusta leerlos, estar al día de vuestras inquietudes; recordar circunstancias pasadas; vuestras noticias y comentarios son sanos, cargados de esa tenue filosofía de la bondad y de todo lo cual yo participo en un ciento por ciento.

Otra razón está en que me siento más miembro del equipo si dejo de ser tan pasivo y hago algo. Para decirlo más vulgarmente, no me importa jugar con el equipo aunque sea de recogepelotas.

Mi participación, no obstante, se encuentra con ciertos límites:

El haber leído anteriormente a Pedro Conde, a Ángel Felpeto, a Ricardo Timiraos, etc. etc. me marca un límite al que no puedo llegar. Mis méritos son harto insuficientes, tanto en la forma de expresión, cuanto en contenido del discurso. Pido, por lo tanto, que me juzguéis con benevolencia.

Dejo los preámbulos y paso a que el instinto me guíe, guía muchas veces mejor que la razón; con una mano taparé mis limitaciones, con la otra escribiré sin que me venza la pereza.

20 años de jubilado.-La vida de este jubilado, que ya lleva casi veinte años de entrenamiento, se estructura de la siguiente manera: Vida familiar, vida estrictamente personal y vida social.

Hoy mismo mi casa la ocupamos mi mujer y yo. Mi hija -soltera- vive independiente en este mismo Gijón y es profesional del marketing en Danone.

Esta circunstancia supone un paso nuevo en nuestro matrimonio: nos da la oportunidad de avanzar un nuestra relación: el amor se vuelve más razonado y más entrañado en los valores de cada uno. Hay voluntad de entrega y una especie de ósmosis de una personalidad en la otra. No va esta relación en el sentido que decía un personaje de los Episodios Nacionales de Galdós: Mi mujer me adivina los pensamientos con sólo  mirarme, y a veces sin este requisito.

 

Matrimonio, la mayor empresa.-Sólo cito esta frase a modo de anécdota, aunque  sí que hay un trasvase mutuo de rasgos. También el transcurso de los años ayuda sobremanera al conocimiento de los caracteres.

Mi vida personal, se deduce de lo anterior, que no se entiende sin la otra parte: no hay empresa en el mundo que iguale en objetivos a los que constituye el matrimonio. Aparte de esta verdad, queda para cada uno un margen enorme de libertad. Ella trabaja en el negocio familiar de sus padres. Yo participo de su trabajo de manera marginal, echo una mano cuando veo que me necesitan. Ello me supone diariamente dedicarles un tiempo variable, pero significativo. El tiempo restante del día lo divido en los trabajos caseros, la compra diaria, los extras con los que no cuentas, pero a los que hay dedicar tiempo…Las tardes, hasta la hora en que tengo que ir a las tiendas, las dedico fundamentalmente a la lectura. Qué tipo de lectura: literatura e historia. Con cualquiera de los dos temas me lo paso fenomenalmente. Ahora mismo tengo sobre la mesa El Laberinto Habitado, de Alvaro Cunqueiro. Anterior a éste, leí Viajes imaginarios y reales. Cunqueiro siempre en el recuerdo, es que lo identifico con su Ítaca (Mondoñedo), Ítaca que sobrevuela inconsciente sobre todos nosotros.

 

Vida social.- Si tuviera que definirme en este aspecto, diría que no soy especialmente participativo en actos sociales. Tampoco quiere decir que sea anti nada. Esta postura, dicen los psicólogos, anticipa ya una ancianidad puntillosa y narcisista.

Hace años que el sacerdote párroco del lugar de nacimiento de mi mujer revitalizó la antigua cofradía de Nuestra Señora del Rosario. Hubo junta refundacional, votación de cargos y me eligieron Secretario. Desde ese momento y hasta el día de hoy sigo en ese cargo y me ocupo de organizar las actividades imprescindibles: juntas, un Rosario a pie de dos quilómetros hasta un santuario mariano, patrona de un valle de siete pueblos, misas anuales por los cofrades fallecidos y la participación en eventos similares que puedan surgir.

Hace unos dos meses entré en contacto con un etnógrafo conocido de Asturias y me ofreció la oportunidad de colaborar con él en un proyecto de estudio acerca del folklore en los límites entre Asturias -zonas de Ibias-Degaña- y León -zona del Valle de Fornela-. Yo le ofrecí mi archivo fotográfico, ciertas noticias y bibliografía por él no conocida. Y a la espera de su publicación estamos.

 

Con la cámara a cuestas.-No quiero ni en conciencia puedo llamarme fotógrafo. Estoy esperando que algún día pueda presentar una fotografía que a mí me guste realmente. No obstante, sigo en la brecha: fotografía va y fotografía viene. ¿Por qué soy tan obstinado? Por algún motivo de los siguientes:

Porque cuando salgo de casa llevo la cámara a cuestas y me obliga a fijarme más en todo lo que la vista me alcance. Me fijo en los detalles arquitectónicos, en las plantas, en los monumentos, en los paisajes, en los trabajos de artesanía artística  del hierro y especialmente en los balcones.

Otro motivo sería en conservar las fotografías como refuerzo de una mala memoria. Más de una vez me sucede que no reconozca un lugar que ya haya visitado anteriormente.

Llegar a casa con doscientas o quinientas fotos hechas en un viaje me supone volver a disfrutar de esa primera sensación de gozo.

Las fotos que hago de las piedras de armas de un edificio me obligan a seguir estudiando su significado. Algunas veces no logro el cometido al completo, pero siempre queda el deber pendiente.

 

A orillas del Eo.-Una o dos veces al mes, ”me tiro al monte”: es decir, dedico un día completo al trabajo agrícola. Con una hoz, un bocadillo y una botella de agua, bien temprano, dirijo mis pasos hasta las orillas del río Eo, y allí me transformo en un lugareño más. Estas “excursiones” no buscan una compensación económica rentable, pero sí obtengo de ellas una serie de beneficios que no encuentras en la rutina urbana: un gallego valora la propiedad rural de manera muy diferente al asturiano o al leonés, por poner ejemplos por mí conocidos; entras en contacto con la realidad de una aldea desmotivada, desconocida por el poder público, que se muere a corto plazo por falta de relevo generacional; descargas el cuerpo de grasas, de estreses, de hojarasca inútil, y por contra llenas el alma de la música que armonizan los vientos cargados del aroma de las hojas de los árboles; bendito Creador y Conservador del mundo que nos demuestras en la naturaleza cómo día a día llenas el mundo de bienes gratuitamente.

Y este es el resumen de una vida sencilla, activa y agradecida, que no pretende más que poder ser útil y revertir en los demás el amor que mis coetáneos me han dedicado. Por supuesto que también os incluyo a vosotros.

 

(1) Biografía Javier Blanco Pardeiro:

 

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